
Afuera llueve sobre Versalles y el café ya está tibio junto al himnario. Hoy no hay traducciones de manuales técnicos pendientes, solo el silencio de mi apartamento y estas teclas blancas que todavía me imponen un poco de respeto. Es sábado por la tarde y, por fin, el primer himno del cuaderno dejó de ser una pelea de dedos para volverse música.
Antes de seguir, una transparencia rápida: este diario incluye algunos enlaces de afiliado. Si alguno te termina llevando a un curso o un material que decidas pagar, una comisión cae por acá por la recomendación. Lo que tú vas a pagar queda exactamente igual, pero esa ayuda me sirve para mantener este rincón. La regla en mi mesa es simple: solo aparece lo que de hecho abrí en mi laptop o puse en mi atril, no armo listas de cosas que no he probado yo misma.
Llevo unos diez meses en esto, desde mediados del año pasado, dándole al piano un ritmo de domingo o de noche cansada. Crecí cantando en el grupo de jóvenes de la iglesia, pero siempre me quedé ahí, en la voz. Nunca me atreví a sentarme frente al teclado. Ahora, a mis 34, mi Casio CDP-S110 de 88 teclas se ha vuelto mi refugio entre párrafos en inglés y español. Es un aparato honesto, pesa unos 10.5 kg, lo justo para moverlo si necesito más espacio en la mesa del comedor.
Hace unos tres meses empecé a sentir que los ejercicios sueltos no me bastaban. Necesitaba algo que me conectara con lo que ya conocía de la iglesia. Empecé a seguir Aprende Piano Desde Cero Con Música Cristiana porque es modular. Mi vida de editora freelance y el tiempo que paso pendiente de las cosas de mi abuela no me dejan sentarme dos horas seguidas. Este curso me permite abrir una lección, entender un acorde y cerrar la tapa si me llaman o si entra un correo urgente.
Hoy el reto era coordinar. La mano izquierda buscaba los bajos mientras la derecha intentaba no perder la melodía que tantas veces tarareé de niña. Hubo un momento de frustración pura: confundir un Si bemol con un Si natural por puro cansancio mental tras una jornada traduciendo manuales de ocho horas. Me detuve. Pensé: si soy capaz de encontrar el matiz exacto para una palabra difícil en un texto, mis dedos tienen que encontrar la fuerza justa para este acorde de Do mayor.
Sentí el roce del borde del cuaderno de espiral contra mi muñeca derecha mientras intentaba alcanzar una octava. Es una sensación física, casi de oficina, pero en el piano se siente distinto. A veces, la práctica se siente fragmentada, como mi tiempo. A diferencia de lo que dicen los manuales de conservatorio, los que cuidamos a alguien o trabajamos por cuenta propia no tenemos bloques de tiempo puro. Aprendemos de a pedazos, en sesiones de alta intensidad de quince minutos entre una tarea y otra. Por eso me sirve tanto un enfoque que no me castigue por no practicar tres horas al día.
El CDP-S110 tiene una polifonía máxima de 64 notas, más que suficiente para estos himnos tradicionales escritos en cuatro partes. A finales del año pasado apenas podía poner la mano en posición de C. Hoy, después de varios domingos de lluvia y de pelearme con el pedal, la última estrofa fluyó. No soy concertista y no pretendo serlo; solo soy una mujer en Cali que quiere que su domingo suene un poquito mejor.
Al terminar, sentí esa pequeña punzada de tensión en los hombros que solo desaparece cuando finalmente suelto el pedal de resonancia y dejo que el sonido se apague. Es un cansancio rico. Si estás empezando y sientes que tus muñecas se quejan o que te duele algo más allá del cansancio muscular, mejor consulta con un profesor de piano presencial o un fisioterapeuta; yo aquí solo cuento cómo me va a mí, pero cuidar la postura es clave para no terminar con una lesión.
Si buscas algo más rígido, hay opciones como Toca Piano Desde Cero - Nivel 1, que es muy estructurado, aunque yo prefiero la flexibilidad de lo que estoy haciendo ahora. Cerré el teclado con la satisfacción de haber terminado la pieza sin errores. Mi ritmo de domingo, lento y a veces interrumpido, ha sido suficiente para este primer año de aprendizaje. Mañana será otro día de textos y traducciones, pero hoy, el himno sonó completo.
Si sientes que el piano te llama pero solo tienes ratitos sueltos el fin de semana, quizás te sirva mirar el camino que yo tomé con este programa modular. No hace falta ser profesional para que la música empiece a salir de tus propias manos.