Cuaderno de Domingos al Piano

Sábado de lluvia en Versalles: El día que mi primer himno sonó completo

Modificado
Casio CDP-S110 sobre la mesa del comedor en Versalles, Cali, con el himnario abierto para practicar himnos cristianos

Paso la hoja del himnario para seguir con la siguiente estrofa y los dedos ya están sobre el acorde antes de que yo alcance a decidirlo. No lo pensé, simplemente pasó: la mano encontró el Do mayor sola, mientras afuera la lluvia golpea el vidrio que da al patio interior. Llevo el Casio CDP-S110 metido en la rutina de este comedor en Versalles desde hace un buen rato, y hoy, por primera vez, uno de los himnos cristianos que canto de memoria en la iglesia salió completo, de principio a fin, sin que tuviera que detenerme a buscar la nota.

Antes de seguir, la transparencia de siempre: este texto trae enlaces de afiliado, y si alguno te lleva a un curso que decidas pagar, a mí me cae una comisión por la recomendación sin que a ti te cueste un peso más. Solo aparece acá lo que de verdad abrí en mi laptop junto al teclado — nada que no haya probado yo misma en este año lento de piano para adultos que empecé casi sin saber nada.

Crecí cantando en el grupo de jóvenes de la iglesia, pero siempre me quedé ahí, en la voz, nunca sentada frente al teclado. Llevo ya dos años dándole a esto un ritmo de fin de semana, y de vez en cuando una noche entre semana cuando el trabajo de traducción me suelta temprano. El Casio pesa lo suficiente para que no lo mueva sin pensarlo dos veces, y hace un tiempo escribí con calma mis Opiniones Casio CDP S110 tras meses de uso en un apartamento pequeño, por si te sirve el detalle del aparato en sí.

El primer intento con himnos cristianos que no llegó a ninguna parte

La primera semana probé de todo, medio a las carreras. Empecé con tres canales de YouTube distintos buscando lecciones para principiantes, pero cada video arrancaba en un punto diferente y ninguno seguía al anterior: un día posición de mano, al siguiente un vals que no tenía nada que ver con lo visto antes, sin ningún orden pedagógico que uniera una lección con la próxima. Cambié después a un cuaderno de ejercicios que me prestaron, y a la tercera página lo dejé porque estaba pensado para quien ya sabía leer clave de sol. Por último intenté solo de oído, repitiendo lo que tarareaba mi abuela en su piano viejo, pero sin partitura se me olvidaba todo a los dos días. Las tres cosas las abandoné antes de que terminara esa semana.

Manos sobre las teclas del Casio CDP-S110 formando un acorde de un himno cristiano, con el cancionero abierto al fondo

Un curso modular después de tres intentos sueltos

Lo que quedó de esas tres semanas fallidas no fue una técnica sino un límite claro: necesitaba algo con orden, que no me obligara a adivinar qué lección seguía. Ahí fue cuando empecé a seguir Aprende Piano Desde Cero Con Música Cristiana, porque va por módulos y el repertorio se parece al que ya conozco de la iglesia. Mi vida de editora freelance no me deja sentarme dos horas seguidas, así que poder abrir una lección, entender un acorde y cerrar la tapa si entra un correo urgente me salvó de dejarlo por completo.

Entre la muñeca y la tentación del programa fijo

Antes de arreglar la mano izquierda tuve que arreglar la muñeca. Dejaba caer la muñeca por debajo del teclado cada vez que alcanzaba un acorde grande, y a los veinte minutos sentía un tirón que me subía hasta el hombro. No fue nada grave, pero sí suficiente para asustarme, porque mis manos son también la herramienta con la que traduzco todo el día. Tuve que leer sobre la postura correcta para tocar el piano en espacios reducidos junto al comedor y ajustar la altura de la silla, algo que en un comedor pensado para comer, no para tocar piano, no es tan obvio como suena.

Sé que existe algo más rígido, como Toca Piano Desde Cero - Nivel 1, con su programa fijo de ocho semanas, y hay tardes en que envidio esa disciplina de calendario. Pero mi ritmo de traductora necesita la flexibilidad que tengo ahora, sobre todo cuando se trata de armar los acordes con los dedos en la posición correcta — para quien recién empieza con eso, ahí quedaron las bases en cómo tocar acordes de piano para música cristiana de forma sencilla.

La mano izquierda se perdía sola

Semanas después, cuando intenté tocar un himno completo por primera vez sin cortar a la mitad, la mano derecha iba bien con la melodía, pero la izquierda se quedaba atrás, como si tocara otra canción distinta. Terminé el primer verso con la mano izquierda repitiendo el mismo bajo de compás en compás, sin seguir los cambios de acorde que sí veía escritos en la partitura. Tuve que parar, separar las manos y practicar cada una por su lado varios días antes de juntarlas otra vez. Ahí quedó claro que la independencia entre ambas manos no se resuelve tocando más rápido, sino más lento y por partes. Tocar el himno de principio a fin fue también la primera prueba real de si podía leer la partitura sin quedarme atascada en cada nota, y ese día confirmé que todavía me faltaba soltura para eso.

Piano para adultos en un comedor pequeño de Versalles, con textos de traducción junto al teclado Casio CDP-S110

Domar un pedal que ahogaba cada acorde

El pedal fue otro problema aparte. Al principio lo dejaba pisado todo el tiempo, pensando que así el himno sonaba más lleno, pero lo que hacía era mezclar un acorde con el siguiente hasta que ya no se distinguía dónde terminaba uno y empezaba otro. Nadie me explicó que hay que soltarlo justo cuando cambia el acorde, ni antes ni después; lo fui entendiendo a punta de grabar la práctica con el celular y escuchar el barullo después. Ese ajuste con el pedal de resonancia me tomó más tiempo que cualquier acorde nuevo que haya aprendido.

Herlinda escucha desde el piso de arriba

Herlinda, la vecina que lleva doce años en el piso de arriba, fue quien un día me dijo que el Casio casi no se oía desde su sala, antes de que a mí se me ocurriera preocuparme por molestarla. Lo dijo sin rodeos, como dice casi todo: que ni se nota, que siga tocando. Esa tranquilidad ayudó más de lo que ella se imagina. El pedal, eso sí, deja un clic seco contra el parqué cada vez que lo suelto, un sonido que ya asocio con estar sentada en esta mesa. Para la cuarta semana de este año de práctica ya no tenía que pensar el acorde antes de tocarlo: la mano simplemente lo hallaba, igual que pasó hoy pasando la página.

Pedal de resonancia del Casio CDP-S110 sobre el parqué, con el gato cerca durante la práctica de himnos cristianos

El himno sonó completo, por fin

Terminé la última estrofa siguiendo la partitura del cancionero, no la memoria de lo que tarareaba de niña, y esa diferencia fue la prueba real de que el método me estaba sirviendo más que el oído solo. Canté por dentro, no en voz alta: agregar la voz habría desarmado unas manos que apenas se sostenían solas sobre el teclado. En el margen del himnario alguien escribió los acordes en cifrado americano, y yo los paso en mi cabeza al sistema que aprendí de niña, do-re-mi, aunque a veces me toca detenerme a traducir de un sistema al otro. Algunos himnos además los toco medio tono más abajo porque en la tonalidad original mis manos todavía no llegan cómodas, y transportarlos así no le quita nada a la canción.

Una lectora de Medellín, Adelaida Corrales, me escribió hace poco preguntando si el Casio aguanta dedos torpes; ella también tiene un teclado arrimado junto al lavadero de su casa. Le respondí que sí, que lo que hay que cuidar no es tanto el instrumento sino el ritmo con el que uno se exige — algo que a ella, más pendiente de no perder el compás que de la melodía misma, seguro le sirve. Si el piano te llama pero solo tienes ratos sueltos entre semana, el camino modular que yo tomé puede ser un punto de partida razonable. La lección que me llevo de este año no es ninguna técnica en particular: un himno completo no sale por practicar más horas, sino por dejar que cada parte del cuerpo — la muñeca, el pedal, la mano izquierda — aprenda su turno antes de juntarlas todas.

Al cerrar el teclado quedó esa tensión conocida en los hombros, un cansancio que ya sé distinguir del que de verdad debería preocuparme. No soy fisioterapeuta ni médica, solo una traductora que pasa muchas horas sentada, así que si a ti te duele algo más allá del cansancio normal, mejor consulta con un profesional antes de seguir. Yo hago pausas cada rato, las mismas que uso cuando traduzco manuales largos, y con eso me ha bastado por ahora.

Nota de Paula: Comparto lo que voy viviendo en mi atril, pero no soy experta en salud ni profesora titulada. Si tienes molestias físicas o quieres una formación académica rigurosa, busca a un experto calificado. Este es solo mi diario de domingo.
Aviso: La información de este sitio se basa en mi experiencia personal y se ofrece únicamente con fines informativos. No sustituye el asesoramiento médico, financiero o legal profesional. Consulta siempre a un profesional cualificado antes de tomar decisiones que afecten a tu salud o finanzas.

Artículos relacionados