Cuaderno de Domingos al Piano

Paula Beltrán

Trabajo como editora y traductora freelance, entre inglés y español, desde un apartamento en el barrio Versalles, en Cali. Los domingos son la excepción: ese día no reviso ningún texto.

Crecí en el grupo juvenil de la iglesia de mi familia cantando en la última fila, cancionero en mano, segura de que los acordes eran territorio de quien llegaba al frente. Nunca toqué nada. Esa certeza se quedó guardada mucho tiempo, hasta que a principios del 2024 compré una Casio CDP-S110 en la tienda de electrónicos del barrio, un sábado por la mañana, y la instalé en la esquina del comedor.

Empecé por YouTube, con los acordes de un himno que me sé de memoria desde niña. Me trabé en una barra de la segunda estrofa. Tres domingos seguidos en esa misma barra, sin moverme un centímetro. Nohemí, que canta en el coro del grupo y afina de oído mejor que nadie que conozco, me insistió en que dejara de tocarla tan despacio. Fue casi por llevarle la contraria que abrí el primer módulo de un curso corto, y ahí ese himno por fin sonó como debía sonar.

Lo que escribo en este cuaderno son notas de esos domingos: la barra que salió, la que no, el módulo que dejé a medio abrir. Llevo el registro de mi propio aprendizaje, nada más. A quien me escribe preguntando por digitación, por una postura concreta o por un dolor que no se le quita, lo mando derecho donde un profesor presencial, o donde un fisioterapeuta si el dolor ya lleva rato.