
Una noche húmeda de mediados de mayo, aquí en mi apartamento de Versalles, me senté a escuchar una grabación que hice de 'Cuan Grande Es Él'. Sonaba metálica y tan lejana que me dio un poco de tristeza. Mi teléfono estaba apoyado contra un florero y el ventilador del comedor zumbaba de fondo como un mosquito gigante. Me di cuenta de que el sonido rico de mi Casio CDP-S110 se estaba perdiendo totalmente en el aire antes de llegar al micrófono del celular.
El ruido del comedor y el primer clic
Llevo unas siete semanas intentando que mis audios no suenen a 'sala vacía'. Empecé un domingo por la tarde, después de que los platos del almuerzo ya estaban secos. Me propuse un proceso que llamé mi mezcla-45-dias, dedicando los domingos a ajustar niveles en lugar de solo tocar. No tengo ninguna credencial de enseñanza ni pretendo ser ingeniera; solo soy yo con un cancionero y ganas de que mi abuela escuche los himnos con claridad cuando se los mando por WhatsApp.

Lo primero que entendí es que el micrófono ambiental es mi enemigo en un apartamento pequeño. El roce de mis yemas contra el acabado de marfil sintético de las teclas, que tanto me gusta sentir mientras el café se enfría junto al cancionero abierto, se escuchaba como golpes de madera en la grabación. Mi Casio tiene 88 teclas con peso de martillo a escala, y ese mecanismo físico hace ruido. Al grabar con el celular, ese 'clac-clac' competía con la melodía.
Buscando la claridad digital
Después de seis semanas de pruebas, decidí dejar de pelear con la acústica de la sala. Conecté la salida de 3.5 mm de mis audífonos directamente a una interfaz muy sencilla que me prestaron. Fue como si se abriera una ventana. De repente, podía escuchar la claridad de las 64 notas de polifonía máxima de mi piano sin que el camión de la basura que pasaba por la calle se metiera en el coro.

Me di cuenta de que para que el audio digital suene natural, no hace falta mucho equipo. Al configurar la frecuencia de muestreo estándar de 44.1 kHz en mi laptop, el sonido del piano empezó a respirar. A veces me recordaba un poco a cómo mejorar la interpretación al piano escuchando a grandes maestros, guardando las proporciones, claro. Es solo que el sonido ya no estaba 'ahogado'.
La trampa de la perfección acústica
Hay gente que gasta mucho dinero aislando habitaciones con espuma, pero a mí me gusta el eco de mi sala. Una noche de lluvia en Versalles, intenté grabar 'Castillo Fuerte' y me frustré. Pasé dos horas intentando eliminar el eco de la sala en una grabación solo para darme cuenta de que el cable estaba mal conectado y seguía usando el micrófono del computador. Fue un desastre de cables por todo el comedor.

Al final, mi gran descubrimiento fue que dejar un poquito de ese ambiente natural suena mucho más profesional que una habitación excesivamente aislada. El sonido 'muerto' es aburrido. Mi piano digital suena más como el upright antiguo que tenía mi abuela cuando dejo que la reverberación natural de la esquina del comedor se mezcle un poco con la señal limpia del cable. No soy profesional de la salud ni de la música, así que si sientes que te duele la muñeca de tanto mover cables o practicar, mejor consulta con un profesional o un fisioterapeuta.
El cancionero como guía
A principios de julio, mis grabaciones del cancionero ya tenían otra profundidad. Ya no suenan a alguien practicando en una cocina, sino a música de verdad. Uso mucho los diagramas de acordes sencillos que vienen en el libro de la iglesia. A veces, cuando el trabajo de traducción me deja la cabeza cansada un martes por la noche, solo grabo una estrofa para ver si la dinámica de mi mano izquierda ha mejorado.

Me ha servido mucho recordar mi proceso de cómo tocar el piano y cantar himnos al mismo tiempo sin frustraciones. Grabar me ayuda a escuchar dónde me acelero. Mi gata a veces se sienta en la parte alta del teclado y me desactiva el botón de encendido justo cuando voy por la mitad de una toma perfecta, pero ya me lo tomo con calma. Es parte del ambiente de este diario de domingo.
Al final, mejorar el sonido no fue comprar un piano de cola, sino entender cómo sacar lo que ya tenía mi Casio hacia la computadora sin que el ruido de Cali se metiera en el medio. Todavía me falta mucho, pero ahora, cuando cierro la laptop y el tinto ya se terminó, me queda un audio que me dan ganas de volver a escuchar el lunes por la mañana antes de empezar a editar textos.