
Do mayor promete cero complicaciones: ni un sostenido, ni un bemol, puras teclas blancas en fila. Sol mayor promete justo lo contrario, un par de teclas negras metidas en el camino, y sin embargo es la tonalidad a la que más transporto los himnos cuando el original me resulta incómodo. La tonalidad "más fácil" de leer casi nunca es la más fácil de tocar, y esa es la contradicción que más tiempo me ha tomado resolver sobre la mesa de comedor donde vive mi Casio CDP-S110. Para quien recién empieza en el piano y solo tiene un himnario cristiano como material de práctica, esa diferencia importa más de lo que parece.
Antes de llegar a esa conclusión probé el camino fácil: una tanda de videos de YouTube sobre transporte musical, uno detrás de otro, sin ningún orden pedagógico que los conectara. Cada video explicaba un truco distinto y ninguno se hacía cargo de dónde había quedado el anterior. Terminé con más notas sueltas en la cabeza que técnica real, así que volví al método más aburrido: sentarme con el himnario, un lápiz y el Casio, y comparar tonalidad por tonalidad qué me costaba menos.

La teoría musical básica que hace posible transportar
Transportar un himno es mover cada nota el mismo número de semitonos, ni uno más ni uno menos, para que las distancias entre ellas — lo que realmente forma la melodía y el acorde — se mantengan intactas. El piano ayuda porque los doce semitonos de una octava son siempre los mismos doce, en el mismo orden, así que basta con contar teclas, blancas y negras por igual, desde la tónica original hasta la tónica nueva. Si el himnario dice Mi bemol y quiero aterrizar en Re, cuento un semitono hacia abajo y aplico ese mismo paso a cada nota de la pieza. Repasar las escalas mayores en el piano para acompañar coros e himnos cristianos ayudó más que cualquier video suelto, porque ahí sí hay un orden: una escala obliga a recorrer los doce pasos en secuencia, en vez de saltar de tema en tema.
Do mayor no siempre gana
Esa tonalidad parece la respuesta obvia porque no exige memorizar ninguna alteración, y es la salida automática de cualquiera que recién abre el himnario. El problema aparece en la mano: en puras teclas blancas se estira plana, sin ningún punto alto que le diga a los dedos dónde están parados. Sol mayor o Re mayor, con uno o dos sostenidos, hacen lo contrario; esa tecla negra de más funciona como un tope físico, algo que la mano siente antes de que el ojo confirme la nota. Ayuda incluso sentada en una silla de comedor sin ajuste de altura, que es donde practico casi siempre, porque la postura ahí ya trae sus propios límites.
Un domingo antes del mediodía, con el apartamento tan silencioso que cada nota se cortaba casi al instante en vez de quedarse flotando, repetía un himno en Sol cuando el gato saltó al banco a mitad de frase. Cayó casi sobre mi mano izquierda y aun así seguí el compás sin perder el tiempo, algo que en Do mayor, con la mano estirada al máximo, no me habría salido tan limpio.

Cambiar el tono también cambia la mano izquierda
Cambiar de tonalidad no solo mueve la melodía; también reordena todo lo que hace la mano izquierda. Cuando el salto entre acordes se hace demasiado grande para alcanzar cómodo, dejo de tocar el acorde completo y busco patrones de mano izquierda para piano cristiano fáciles de dominar que se ajusten a la nueva tonalidad sin obligar a la mano a estirarse de más. Esa independencia entre lo que hace cada mano — una sosteniendo el bajo, la otra construyendo la melodía por su lado — da para su propio artículo, pero conviene saber que un transporte mal elegido la complica innecesariamente.
Los acordes también suenan distinto una vez movidos: la misma tríada abre o cierra su voicing según qué tan cerca queden las notas bajo la mano, y eso cambia con cada tonalidad nueva. Para anotar mis propios cambios uso letras sueltas — Do, Re, Mi — en vez del cifrado americano con letras en inglés, aunque sé que existen tablas de equivalencia entre ambos sistemas para quien prefiera cifrar así. El pedal también entra en esto: cuando los acordes quedan más apretados en la tonalidad nueva, cómo usar el pedal de resonancia en el piano digital correctamente deja de ser un detalle menor, porque un pedal mal pisado convierte ese apriete en una mancha de sonido.

Leer cada nota de nuevo o confiar en el oído
Transportar también obliga a decidir cómo leer lo que sale después. Mi abuela tocaba de oído en su upright viejo, sin fijarse nunca en qué tonalidad sonaba, pero yo no tengo ese oído entrenado; prefiero contar los semitonos y volver a leer cada nota en su nueva posición, aunque sea más lento.
Adelaida Corrales, una lectora que escribe desde Medellín, preguntó una vez si cambiar de tonalidad arruinaba el conteo del compás, porque a ella el ritmo le preocupa más que la melodía; la respuesta corta es que no, mientras el conteo de semitonos se haga con calma antes de tocar.
Leer partituras con varias alteraciones trae sus propias dificultades, que dan para su propio artículo, y cantar el himno mientras las manos ya están ocupadas con el tono nuevo es otro reto aparte que apenas estoy tanteando.
Elijo el tono según lo que pide cada himno
Después de mover suficientes himnos de un lado a otro, el criterio se simplificó bastante. Elijo Do mayor cuando el himno ya trae saltos grandes en la melodía o acordes con extensiones incómodas, porque ahí lo último que necesito es sumarle sostenidos que memorizar; la mano ya tiene bastante trabajo. Elijo una tonalidad con uno o dos sostenidos — Sol, Re, a veces Fa — cuando el himno es mayormente por grados conjuntos, con acordes simples que se repiten, porque ahí las teclas negras funcionan como guía y no como obstáculo.
Herlinda, la vecina del piso de arriba, escuchó esta discusión completa un domingo sin haberla pedido y la resolvió en una frase, sin ninguna nostalgia de por medio: "cámbialo al tono donde no te trabes, lo demás es cuento."
Tenía razón. Ninguna tonalidad es más "correcta" que otra para un himnario que nadie más que el gato y yo vamos a escuchar en esta mesa de comedor de Versalles; la única pregunta que importa es cuál deja que la música salga sin pelear.