
Hay una luz muy específica que entra por mi ventana en Versalles justo cuando el sol empieza a caer sobre la cordillera. Rebota en el acabado mate de las teclas de mi Casio y, por un segundo, el polvo que flota en el aire de Cali parece detenerse. Es el momento en que cierro el archivo de la traducción técnica que me tuvo pegada al monitor toda la semana y me permito ser solo Paula, la que intenta que un himno de cuatro estrofas suene decente antes de que se haga de noche.
Antes de contarte cómo ha envejecido este piano en mi comedor, una nota de transparencia: este diario incluye enlaces de afiliado. Si terminas comprando un curso o material a través de ellos, recibo una pequeña comisión que me ayuda a mantener este espacio, y a ti te cuesta exactamente lo mismo. Solo hablo de lo que de hecho he abierto en mi laptop y practicado en mis teclas; no me gustan los rankings vacíos de cosas que nadie ha tocado de verdad.
El espacio que sigue siendo sagrado al lado del comedor

Llevo ya más de dos años con el Casio CDP-S110 ocupando el mismo metro y medio al lado de mi mesa de comedor. En un apartamento pequeño como el mío, donde cada mueble tiene que ganarse su derecho a existir, este teclado se ha ganado su permanencia por puro diseño. Es increíblemente delgado. A veces, cuando paso rápido hacia la cocina con el café, olvido que tengo un piano de 88 teclas ahí; no sobresale lo suficiente como para estorbar, y eso para alguien que vive entre diccionarios y tazas de tinto es una bendición.
Recuerdo que cuando lo compré aquel sábado de 2024, me preocupaba que se sintiera como un juguete. Pero el peso está ahí. No es que sea imposible de mover —lo he arrastrado un par de veces para limpiar los pelos que mi gato deja debajo— pero se siente sólido. Lo que sí he aprendido este último par de meses es que la sencillez de su panel, con apenas un par de botones, es mi parte favorita. Mi cerebro de editora ya procesa demasiada información visual; llegar al piano y solo tener que girar una perilla para empezar a tocar es el descanso que mis ojos necesitan.
A veces, mientras busco partituras de himnos cristianos para piano fácil en formato digital en mi tableta, me doy cuenta de que no necesito más. No busco mil ritmos de batería ni sonidos de sintetizador espaciales. Busco que cuando hunda la tecla, el sonido sea honesto. Y en este espacio reducido de Versalles, el CDP-S110 sigue cumpliendo esa promesa sin pedir más espacio del que le di el primer día.
Esa sensación de martillo que mis dedos aún están descifrando

Pasar de cantar en el coro de la iglesia a tratar de controlar la acción de martillo a escala de este piano ha sido un ejercicio de humildad. Casio dice que las teclas tienen una textura que imita el ébano y el marfil, y aunque suena muy elegante en el manual, para mí significa que no se me resbalan los dedos cuando la humedad de Cali aprieta a media tarde. Es una sensación rugosa, muy sutil, que me da seguridad cuando intento pasar de un acorde de Do a uno de Sol sin mirar tanto las manos.
He pasado muchos domingos intentando que mi muñeca izquierda no se ponga tensa. Es curioso cómo el cuerpo guarda el estrés de las traducciones. Si he tenido una semana pesada con un glosario médico, mis dedos se sienten como troncos. Para ayudarme con eso, empecé a seguir el curso Aprende Piano Desde Cero Con Música Cristiana. Me gusta porque no me exige ser concertista; simplemente me guía por canciones que ya conozco desde niña, lo cual hace que el esfuerzo de mover estas teclas pesadas valga la pena cuando reconozco la melodía.
Hablando de postura, hace poco tuve que revisar cómo me sentaba porque me empezó a molestar la espalda baja. Si te pasa lo mismo, te recomiendo leer sobre la postura correcta para tocar el piano en espacios reducidos junto al comedor. Yo no soy fisioterapeuta ni pretendo serlo, así que si sientes un dolor que no se quita, por favor ve a ver a un profesional. Yo solo soy una traductora que intenta no encorvarse mientras busca la nota correcta.
El ritmo de una editora: entre glosarios y sostenidos

Mi rutina no es perfecta. Hay semanas de mayo en las que el piano se queda tapado con su manta gris porque tengo una entrega de tres mil palabras para el miércoles. Pero cuando el silencio vuelve, el piano me espera. He descubierto que tener un método estructurado es lo único que me salva de tocar siempre lo mismo. El curso Toca Piano Desde Cero - Nivel 1 ha sido mi ancla en esos días donde me siento perdida. Es como tener un mapa cuando no sabes por dónde empezar a leer la partitura.
A veces me pongo a pensar en mi abuela. Ella tenía un piano vertical de madera oscura, de esos que crujían con el clima de Cali. Mi Casio no cruje, pero tiene una respuesta al toque que me recuerda un poco a esa resistencia de las teclas viejas. No es un piano digital que se sienta ligero como un teclado de plástico de los que venden en las jugueterías. Aquí hay que imprimir fuerza, y eso me ayuda a sentir que estoy haciendo música de verdad, aunque solo sea un ejercicio de escalas aburrido antes de la cena.
Incluso en mis días más lentos, trato de aplicar lo que aprendí sobre aprender con el mejor curso de piano cristiano de cero a experto, aunque voy muy al principio del camino. No tengo afán de dar un concierto. Mi única audiencia es mi gato, que suele saltar al banco del piano justo cuando estoy en la parte más difícil de un himno, obligándome a parar y reírme de lo absurdo que es intentar ser perfecta en un apartamento de 50 metros cuadrados.
Lo que he aprendido sobre el sonido cuando no quiero despertar a los vecinos

Vivir en Versalles tiene su encanto, pero las paredes no son precisamente gruesas. El sonido de los parlantes del CDP-S110 es decente, pero se nota que el chasis delgado limita un poco la profundidad de los bajos. No esperes que el suelo vibre. Sin embargo, para practicar en la noche, la salida de audífonos es mi salvación. Me pongo mis cascos viejos y puedo estar ahí, repitiendo el mismo compás de una canción de adoración por media hora, sin que el vecino del 402 se entere de mis errores.
A veces uso el Megapack Tocando El Piano Desde Cero en PDF. Lo pongo en mi laptop al lado del piano y voy siguiendo los ejercicios de teoría. Es un poco denso, pero me ayuda a entender por qué ciertos acordes suenan como suenan. La polifonía de 64 notas del Casio es más que suficiente para lo que hago; nunca he sentido que se corten las notas, ni siquiera cuando me emociono con el pedal de sustain en los finales de los himnos.
Si estás buscando algo que sea honesto, que ocupe poco espacio y que te permita aprender a tu ritmo sin complicaciones técnicas, este piano sigue siendo mi recomendación número uno después de estos dos años. No es para quien busca producir música electrónica compleja, sino para quienes, como yo, buscan un refugio de madera y silicio después de un día largo de trabajo. Si quieres algo que te lleve de la mano por mucho tiempo, quizás el Piano Cristiano Desde Cero A Experto sea una opción más completa, pero lo importante es empezar, con el teclado que tengas y el tiempo que la vida te deje.
Cualquier duda que tengas sobre cómo se siente el peso de las teclas o si cabe en un rincón específico, escríbeme. Aquí sigo en Cali, entre una página traducida y un acorde que, por fin, hoy sonó limpio. No te afanes, el piano es un camino largo y lo mejor es disfrutar cada paso, por lento que sea.