
El silencio de la tarde y ese puerto cuadrado
Es domingo por la tarde en Versalles y el calor de Cali se siente pesado, de ese que te hace mover el ventilador más cerca del comedor. Tengo el Casio CDP-S110 ahí, ocupando media mesa, justo al lado de donde mañana tendré que sentarme a traducir un manual técnico sobre válvulas industriales. A veces, cuando el tinto se enfría y termino de tocar un himno, me quedo mirando la parte de atrás del teclado. Hay un huequito cuadrado, pequeño, que parece fuera de lugar en algo que se supone que es para hacer música. Es el puerto USB Tipo B, el mismo que usan las impresoras viejas que uno tiene arrumadas en un rincón.
Una tarde calurosa en mi apartamento, mientras descansaba de una entrega de edición, me quedé pensando si ese puerto podría realmente ayudarme con el cancionero de la iglesia. Practicar sola tiene su encanto, pero a veces siento que mi ritmo no es constante. Toco una estrofa y me acelero, o me quedo pensando en el siguiente acorde y el tiempo se me deshace entre los dedos. Me pregunté si conectar el piano al computador me daría ese empujoncito que necesito para no sonar tan perdida cuando intento seguir las melodías que cantábamos en el grupo juvenil.

La búsqueda del cable perdido
Hace unos tres meses, me decidí a probar. Revolqué los cajones donde guardo los cables de los trabajos viejos de traducción y, efectivamente, ahí estaba uno con esa punta cuadrada. Mi Casio tiene 88 teclas, es grande y se siente firme, pero por detrás es de una sencillez que me da paz. No tiene mil botones ni luces que distraigan. Solo ese puerto que prometía conectar mis dedos con algún programa de aprendizaje en la laptop. Lo primero que me preocupó fue si tendría que instalar cosas raras. Como freelancer, cuido mi computador como si fuera un tesoro porque es mi herramienta de trabajo, y no quería llenarlo de drivers sospechosos.
Resulta que este modelo es lo que llaman class compliant. Me tomó un rato entender que eso solo significa que el computador lo reconoce apenas uno lo enchufa, como si fuera un ratón o un teclado para escribir. Un martes de lluvia en Versalles, de esos que te obligan a cerrar las ventanas para que no se moje el piso, saqué el cable y lo acerqué al piano. Sentí ese clic metálico y firme del cable USB entrando en el puerto del piano, un sonido seco que me dio una satisfacción extraña, seguido casi de inmediato por el sonido del ventilador de mi laptop acelerándose. Era como si el computador supiera que ahora tenía algo importante que procesar.
El dilema de la pantalla y la paz del domingo
Me pregunté si usar una pantalla arruinaría la paz de mi domingo. Normalmente, el piano es mi escape de las letras y las correcciones, de estar pegada a la luz azul de la pantalla. Pero la curiosidad por corregir mis errores de tiempo fue más fuerte que mi ganas de desconexión total. Quería ver si el software me decía qué tan tarde estaba llegando a las notas de los himnos que tanto me gustan. Al abrir un programa sencillo, vi cómo, por primera vez, el computador reconocía la presión de mis dedos sobre las teclas con contrapeso. Es algo mágico ver una rayita verde en la pantalla cuando tocas el Do central.
Sin embargo, no todo fue perfecto desde el principio. Al conectar el piano directamente con ese cable de impresora, empecé a notar algo raro. Había un retraso minúsculo, casi imperceptible pero molesto, entre el momento en que hundía la tecla y el momento en que el programa me daba el feedback. Además, a veces oía un ruidito eléctrico, un zumbido sutil en los audífonos. Por supuesto, yo no soy técnica de sonido ni mucho menos, pero como editora tengo el oído entrenado para notar cuando algo no encaja. Investigando un poco más, me di cuenta de que para estudiar en serio, a veces lo directo no es lo mejor.

El pequeño secreto de la interfaz
Aquí es donde mi experiencia de hobbyista se chocó con la realidad técnica. Aunque el Casio se puede conectar directo, aprendí que usar una interfaz MIDI dedicada puede cambiar mucho las cosas. Evita conectar tu Casio directamente al computador para estudiar si notas que el sonido se demora en llegar o si escuchas interferencias. Usar una interfaz reduce la latencia y evita esos ruidos eléctricos que a veces se filtran por el puerto USB y dañan la experiencia. Fue un cambio que hice después de varias semanas de intentos, y aunque al principio me dio pereza tener otro aparatico en la mesa del comedor, mis oídos lo agradecieron.
El piano tiene una polifonía máxima de 64 notas, lo que para mí es más que suficiente. No estoy tocando conciertos de Rachmaninoff, solo himnos que me devuelven a la infancia. Pero tener esa conexión limpia me permitió empezar a usar herramientas digitales sin frustrarme. A veces pongo las partituras de himnos cristianos para piano fácil en formato digital en la pantalla y el programa me va marcando el camino. Es como tener un tutor silencioso que no me juzga cuando me equivoco en un sostenido, algo que agradezco porque mi ritmo de aprendizaje es, bueno, lento.
Una rutina entre traducciones y corcheas
Integrar el computador a mis domingos no ha sido tan invasivo como pensaba. Mi gato a veces se pasea por encima del teclado de la laptop mientras trato de leer una nota, y me toca parar para darle mimos, pero eso es parte del encanto de vivir en Versalles. No tengo una oficina dedicada, así que mi piano convive con mi trabajo. A veces, un martes por la noche, cuando el cliente me manda una corrección de última hora y necesito despejar la mente, conecto el cable un momento. Tocar un par de compases y ver el progreso en la pantalla me ayuda a sentir que el día no fue solo trabajo.
Es importante decir que yo no soy profesional. No tengo títulos de música y lo que escribo aquí es solo mi diario de un año aprendiendo despacio. Si alguna vez sientes que te duelen las muñecas o que algo no suena bien por más que lo intentes, siempre es mejor buscar a un profesor de verdad que te mire las manos. Yo solo trato de mantener una rutina de piano para principiantes en casa trabajando como freelancer que me mantenga cuerda. El computador es una herramienta, como el diccionario de sinónimos que uso para mis traducciones, pero el alma la pongo yo y mis ganas de que el himno suene como el que tocaban en la iglesia de mi abuela.

Reflexiones al caer el sol
Al final, conectar el Casio CDP-S110 me ha servido para ser más precisa. Ya no adivino tanto si estoy en el tiempo correcto. El programa me lo dice con una honestidad un poco fría, pero necesaria. Aun así, hay domingos en los que decido no conectar nada. Me quedo solo con el sonido puro de los parlantes del piano, el libro de himnos con las hojas amarillentas y la luz del atardecer entrando por la ventana. La tecnología es maravillosa para corregir el camino, pero la paz de hundir las teclas sin cables de por medio sigue siendo mi momento favorito.
Si estás empezando y tienes este mismo piano, no le tengas miedo a ese puerto cuadrado. Busca un buen cable, o mejor aún, considera esa interfaz si notas que el sonido se queda atrás. Es un mundo nuevo que se abre, uno que te permite ver la música además de oírla. A mí me ha ayudado a entender mejor cómo tocar acordes de piano para música cristiana de forma sencilla, porque ver la estructura en la pantalla me aclara lo que a veces mis ojos no ven en el papel. Mañana volveré a las traducciones, pero hoy, por lo menos, el computador y yo nos pusimos de acuerdo para hacer música juntos en este rincón de Cali.