Cuaderno de Domingos al Piano

Tabla de equivalencia entre cifrado americano y latino (C=Do)

El domingo pasado se me atascó el pedal a mitad de un himno — ese chillido seco que hace cuando lo suelto muy rápido — mientras trataba de leer dos cosas al mismo tiempo: el video en el celular, apoyado contra el jarrón de la mesa, que decía «Bm7», y mi cancionero de siempre, abierto en el atril con la esquina de la página doblándose otra vez porque nunca se queda plana, que decía «Si menor con séptima». Me tomó más de lo que quisiera entender que eran la misma nota. De esa tarde salió esta tabla: la fui armando a lápiz en la libreta que tengo junto al Casio, para no parar la práctica cada vez que un tutorial usa letras y mi iglesia sigue con Do, Re, Mi de toda la vida.

Contenido
  1. Equivalencia de notas naturales
  2. Alteraciones y enarmonías
  3. Variaciones regionales (Sistema Germánico)
  4. Contexto histórico y terminología
  5. Fuentes
Octava de piano dibujada con cada tecla etiquetada en los dos sistemas de cifrado: las teclas blancas con la letra americana (C, D, E, F, G, A, B) y su nombre latino (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si), y las teclas negras con las enarmonías (C#/Db igual a Do sostenido/Re bemol, y así). Incluye la afinación de referencia (Do central 261,63 Hz y La 440 Hz), la variante del sistema alemán (la H es el Si y la B alemana el Si bemol), el origen histórico del Do-Re-Mi y una franja de seguridad sobre cuidar la muñeca en las prácticas largas.
Cada tecla con su nombre en cifrado americano y en notación latina, más las enarmonías, la afinación de referencia y el origen del Do-Re-Mi. Es un cuaderno de práctica, no un consejo profesional. Libre para insertar con crédito a Cuaderno de Domingos al Piano (CC BY 4.0).

Equivalencia de notas naturales

El cancionero de la iglesia donde canté toda la adolescencia — y donde nunca toqué, solo canté desde atrás — está en notación latina de principio a fin. Los cursos y videos que reviso ahora, en cambio, casi siempre están en letras. Esta primera tabla es la equivalencia básica, la que todavía reviso sin pensar dos veces antes de anotar un acorde.

Cifrado Americano Notación Latina Nota de referencia (afinación)
C Do 261,63 Hz (Do central) [1]
D Re
E Mi
F Fa
G Sol
A La 440 Hz (afinación patrón, «La 440») [2]
B Si

Alteraciones y enarmonías

Las alteraciones fueron las que más se me enredaron al principio. Una tarde entre semana, con la traducción del día ya entregada y el café frío al lado del teclado, intenté bajar un himno medio tono para que me quedara cómodo cantarlo y tocarlo a la vez, y terminé escribiendo Fa sostenido donde debía ir Sol bemol — mismo sonido, nombre distinto, y a mí se me cruzaban los dos. El sostenido sube la nota un semitono; el bemol la baja un semitono [3][4]. Van así:

Cifrado Americano Notación Latina Tipo de Alteración
C# / Db Do sostenido / Re bemol Enarmonía (mismo sonido)
D# / Eb Re sostenido / Mi bemol Enarmonía
F# / Gb Fa sostenido / Sol bemol Enarmonía
G# / Ab Sol sostenido / La bemol Enarmonía
A# / Bb La sostenido / Si bemol Enarmonía

Variaciones regionales (Sistema Germánico)

Esto lo aprendí por accidente, revisando una partitura vieja que llegó entre los papeles del piano de mi abuela, con anotaciones a lápiz en alemán al margen. Allá la nota que nosotros llamamos Si natural se llama H; el Si bemol, en cambio, se queda como B [1]. La explicación es de amanuense medieval, no de teoría musical: la letra «b» se dibujaba redondeada para el sonido bajo — de ahí «bemol» — y esa «b» redondeada terminó dándole nombre al Si bemol alemán también [4].

Contexto histórico y terminología

La parte que más me gustó investigar fue el origen del Do-Re-Mi, quizás porque me recordó los años de grupo juvenil. Un monje, Guido de Arezzo, tomó en el siglo XI un himno que ya se cantaba en las iglesias de esa época — un himno a san Juan Bautista, «Ut queant laxis» — y notó que cada verso empezaba una nota más arriba que el anterior. Usó la primera sílaba de cada verso para nombrar las notas: Ut, Re, Mi, Fa, Sol, La [5]. El «Ut» se cambió por «Do» en el siglo XVII, porque a Giovanni Battista Doni le pareció que una sílaba terminada en vocal se cantaba mejor. El «Si» llegó después — a finales del siglo XVI, de la mano de Anselmo de Flandes — tomado de las iniciales de «Sancte Ioannes», el mismo santo del himno original [5].

El sistema de letras viene de otra parte por completo: de Grecia, donde ya nombraban las notas con letras del alfabeto, de la alfa a la gamma, y que los romanos tradujeron y llevaron consigo por Europa. Ese sistema terminó imponiéndose en el mundo anglosajón, sobre todo desde que Estados Unidos lo popularizó durante el siglo XX [6]. Dos historias que no tienen nada que ver entre sí y que hoy conviven en la misma tabla, una encima de la otra, sobre mi mesa del comedor los domingos.

Última revisión: 16/08/2026.

Un aparte antes de que cierres la pestaña: esto es un cuaderno de práctica, no un consejo profesional. No soy profesora de piano ni fisioterapeuta, apenas alguien que le agarró cariño al teclado los domingos. Si te quedas horas seguidas memorizando equivalencias y cambiando de tonalidad en el mismo himno, cuida la muñeca — la práctica repetida sin pausas ni buena postura es justo lo que termina en tendinitis o en ese hormigueo feo del túnel carpiano, y a mí el hombro ya me lo ha cobrado alguna tarde de domingo. Si algo te empieza a doler y no se te quita, para y consulta a un médico o fisioterapeuta de verdad; y si lo que falla es la técnica de la mano, un profesor presencial ve en cinco minutos lo que yo no vería en un año.

Fuentes

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