
Es domingo por la tarde en Versalles y el sol de Cali entra por el ventanal, reflejándose en las teclas negras del Casio mientras mi café se enfría junto a un glosario de traducción a medio terminar. No sé si te pasa, pero a veces el silencio del apartamento se siente demasiado pesado cuando solo se escucha el clic de mi teclado de la laptop. Por eso, hace unos meses, decidí que el piano no podía ser solo un adorno.
Antes de seguir, una transparencia rápida: este diario incluye enlaces de afiliado. Si alguno te termina llevando a un curso o un material que decides comprar, una comisión cae por acá por la recomendación, mientras que lo que tú vas a pagar queda igual. La regla en este cuaderno es simple: solo aparece lo que de hecho abrí en mi laptop o puse en mi atril; no armo listas de cosas que no he tocado con mis propias manos.
El caos de los husos horarios y las teclas
Trabajar como freelance significa que mi horario es un chiste. Tengo clientes en España que me escriben cuando apenas estoy abriendo los ojos y otros en California que me mandan correos cuando ya quiero apagar todo. Mi Casio CDP-S110 está justo ahí, junto a la mesa del comedor. Es un bicho largo, con sus 88 teclas, pero lo bueno es que tiene una profundidad de apenas 232 mm, así que no se come todo el espacio donde ceno.
La tentación de ignorarlo es constante. Cuando tienes una entrega pesada de un texto legal, lo último que quieres es sentarte a descifrar un pentagrama. Pero he aprendido que si espero a tener 'una hora libre', nunca voy a tocar. En marzo, tras una entrega agotadora, me di cuenta de que mi cerebro de editora funciona mejor en bloques cortos. Si puedo corregir un texto de 50 páginas sobre derecho civil, seguramente puedo entender un acorde de Fa mayor sin frustrarme tanto.

Como ya te había contado cuando hablaba sobre aprender a tocar el piano siendo cantante, mi relación con la música siempre fue desde la voz. Ahora, frente a las teclas, el reto es físico. Siento el tacto ligeramente rugoso de las teclas que imitan el ébano y el marfil bajo mis dedos fríos después de teclear en la laptop todo el día. Es un cambio de textura necesario para bajar las revoluciones del trabajo.
El encuentro con el material impreso
Descubrí muy rápido que los videos de YouTube son una trampa para mí. Abro uno para ver una escala y termino viendo un documental sobre gatos en Estambul. Necesitaba algo que pudiera dejar en el atril y abrir en diez segundos. Fue así como llegué al Megapack Tocando El Piano Desde Cero. Es un PDF pesado, lleno de teoría y ejercicios, que me ha servido para esos huecos de quince minutos entre párrafo y párrafo.
Hubo un momento de frustración total hace unas semanas. Decidí imprimir las primeras 30 páginas del Megapack para no depender de la pantalla. El tóner de mi impresora vieja empezó a fallar justo en las líneas del pentagrama. Me quedé un buen rato adivinando si esa mancha borrosa era un Mi o un Sol en medio de un himno. Al final, me tocó marcarlas con un micropunta negro, muy al estilo de editora minuciosa.

Aunque el costo de ese paquete es una inversión considerable para alguien que apenas está empezando, me gusta que cubre la teoría base. A veces, en las semanas tranquilas de mayo, me sentaba solo a leer sobre la formación de acordes sin siquiera encender el piano. Para una freelancer que vive de leer, tener el material en papel me quita la fatiga visual que ya cargo de la oficina.
Fragmentar el aprendizaje: la técnica de los 15 minutos
Mi método ahora es el de las micro-sesiones. No busco la perfección, busco el respiro. Cali está a 1018 metros sobre el nivel del mar y el calor de la tarde a veces me aletarga. Tocar un par de ejercicios de mano izquierda me despierta más que un segundo café. Si te interesa explorar cómo manejar esas partes más básicas, a veces consulto estos patrones de mano izquierda para piano cristiano fáciles que son muy útiles para el cancionero de la iglesia.
No tengo ninguna credencial de enseñanza ni pretendo ser concertista. Soy solo una persona con un teclado de acción de martillo tratando de que los dedos no se le traben. Si tú estás sintiendo dolores raros o quieres avanzar de forma profesional, lo mejor es que busques un profesor que te vea en persona para corregir la postura. Yo aquí solo documento lo que me funciona en mi rincón de Versalles.

Durante varias noches de este último mes, he practicado un solo compás de un himno antiguo mientras espero que un cliente me confirme un recibido. Es increíble cómo algo que antes me tomaba toda una tarde de domingo ahora lo voy asimilando en pedacitos. La clave para los que trabajamos por cuenta propia es que el piano no se sienta como otra tarea en la lista de pendientes.
La espalda y la realidad del comedor
Un detalle que nadie te dice es que la silla del comedor es el enemigo número uno del pianista principiante. He sentido esa punzada leve en la base de la espalda por usar la silla de madera en lugar de un banco de piano real durante una sesión de lectura de himnos. Mi abuela tenía un upright viejo con un banco de terciopelo que ahora extraño profundamente; el soporte lumbar de una silla de oficina no sirve de nada cuando intentas llegar a las octavas de los extremos.
A veces me frustro porque no sé cómo tocar el piano con partituras de himnario sin saber mucha teoría, pero el material del Megapack me ha dado un norte. Me ayuda a entender por qué ese acorde de Sol suena tan brillante en el coro que siempre cantábamos en el grupo juvenil. Es como si estuviera editando un texto, pero con sonidos en lugar de adjetivos.

El Casio sigue ahí, fiel, funcionando con su adaptador de corriente porque moverlo para usarlo con pilas me da pereza. Se ha vuelto mi compañero de oficina. Cuando el cerebro se me bloquea con una traducción técnica difícil, me levanto, toco tres escalas y vuelvo a la pantalla. El piano dejó de ser un mueble que acumula polvo para convertirse en el aire que necesito para terminar la jornada.
Si estás pensando en empezar, no te agobies con horarios estrictos. A veces, diez minutos antes de cerrar la laptop son suficientes para que el día termine mejor. Si te sirve de algo, yo sigo dándole vueltas a las mismas páginas del Megapack de piano y cada domingo encuentro algo nuevo que no vi el lunes anterior. Poco a poco, sin afán, como crece el musgo en las piedras del río Pance.